Adoro esos instantes en los que me miras con tus profundos ojazos
castaños y yo te mantengo la mirada, no porque no tenga otra cosa mejor
que hacer, sino porque me es imposible dejar de mirarte. Tus ojos me
atrapan, me apresan con fuertes cadenas invisibles; intento liberarme,
pero nada; estoy condenada a seguir contemplandote, sin embargo, es una
condena agradable. Solo tu puedes romper las cadenas que nos unen y yo
simplemente deseo que no lo hagas.
Entonces, sonries. No puedo evitar alegrarme al ver esa graciosa mueca
en tu dulce carita morena. La forma en la que surgen unos divertidos hoyuelos
en tus limpias mejillas es adorable. Copio tu sonrisa y observo como tus
hoyuelos se marcan aun más. Tu rostro irradia abundante felicidad y
provoca que el mio se inunde también de alegría, y la razón es que una
mirada tuya es el mejor regalo que puedes ofrecerme, pero si además le
añades una sonrisa, me estarás obsequiando con la reliquia más valiosa
que este mundo ha conocido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario