sábado, 8 de diciembre de 2012

Adoro esos instantes en los que me miras con tus profundos ojazos castaños y yo te mantengo la mirada, no porque no tenga otra cosa mejor que hacer, sino porque me es imposible dejar de mirarte. Tus ojos me atrapan, me apresan con fuertes cadenas invisibles; intento liberarme, pero nada; estoy condenada a seguir contemplandote, sin embargo, es una condena agradable. Solo tu puedes romper las cadenas que nos unen y yo simplemente deseo que no lo hagas.
Entonces, sonries. No puedo evitar alegrarme al ver esa graciosa mueca en tu dulce carita morena. La forma en la que surgen unos divertidos hoyuelos en tus limpias mejillas es adorable. Copio tu sonrisa y observo como tus hoyuelos se marcan aun más. Tu rostro irradia abundante felicidad y provoca que el mio se inunde también de alegría, y la razón es que una mirada tuya es el mejor regalo que puedes ofrecerme, pero si además le añades una sonrisa, me estarás obsequiando con la reliquia más valiosa que este mundo ha conocido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario